Ya lo entiendo...
soy como la droga.
Cuando te apetece preparas mi piel para encenderme con tus dedos y consumirme con tus besos. Te dejas caer en la cama, con las piernas abiertas y los ojos cerrados, y el humo que sale de tu boca te abraza, te envuelve, te obliga a sonreír.
Luego me dejas de lado porque sabes que no me importo ni te importa. Yo estoy para ser fumada, ¿no? Estoy, por ahora, para colocarte (ya habrá otros dedos que sepan como consumirte). Y tú, encantado, das vueltas entre las sabanas como si fuera un cuento de hadas.
Jamás entenderás como me dejo manosear así, pero sabes que en cualquier momento puedes dejarme, puedes dejarte encantar, puedes abandonarte...Abandonarme. Ahí reside la verdadera magia entre tú y yo, más que ausente. Magia no disponible. Y algún día se consumirá el tabaco que envuelven mis brazos (no hay más remedio), pero jamás olvidaré el sabor de tu cabello sobre mi pecho encendido, ni tú olvidarás el tacto de la hierba de mis dientes, despertando tus quejidos.
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viernes, 25 de noviembre de 2011
lunes, 22 de agosto de 2011
Le mordí la sonrisa. Le mordí la sonrisa y el extasis se deslizó por la cara interna de mis muslos, sereno como el agua que corría por nuestras pieles, rápido como mis ideas, que, esquivas, huían de mi mente. Y me hizo el amor con la mirada, me hizo el amor con el marfil, experto, de su boca, me hizo el amor con el azabache rodeado de abejas de sus ojos, con sus dedos de los pies. Y después acarició con cada milímetro de mi aliento su piel desvestida, su alma desnuda.
Y yo no hice otra cosa más que morderle la sonrisa, sin que él se diera cuenta.
martes, 29 de marzo de 2011
-Lleno las hojas de la vida con letras en blanco que se ahogan por tenerte entre mis brazos solo, tan solo una vez más. Nos imagino haciendo paliativas disculpas con silencios, amor, y se me escapa el alma. Se me escapa y se va a buscarte, y me deja aquí, en la ducha donde se entremezclan tus recuerdos y mis sábanas de lunares de colores.
-No, si a mí todo eso me parece muy bien, pero ¿vamos a follar o que?
-No, si a mí todo eso me parece muy bien, pero ¿vamos a follar o que?
miércoles, 16 de marzo de 2011
El lagrimal se descubre.La cortina torpe que me aisla de la luz sigue el recorrido de un vaivén.El bullicio de la vida se me desliza por la espalda.Siento el tacto mecánico y triste y solo y absurdo y lento de un ser que no es. Los días, vestidos, son cada vez más largos. La vida, cada vez más corta.
sábado, 5 de marzo de 2011
Don Pedro
Un día, en su vieja droguería, Don Pedro me comentó que siempre había pensado que la madurez llega de la mano de la constancia, de la monotonía, de lo insípido del asfalto que pisan los rebaños, del olvido del interés por lo inservible. Supongo que porque pensaba todo aquello aquel hombre de ya ochenta años y pelo cano se levantaba los sábados tras una semana agotadora de trabajo para pasear en su destartalada bicicleta sin frenos por aquellos, como él llamaba, "caminos de Dios". Deambulaba por la huerta hasta llegar a la orilla de una acequia donde crecían unas margaritas blancas preciosas, cogía un pequeño ramillete y lo llevaba a casa; después lo colocaba en un jarrón de cristal brocado y esperaba, sentado en su sillón blanco de mimbre, lo apacible de una sonrisa. Cualquiera.
sábado, 13 de noviembre de 2010
Hoy, mientras vagaba entre las páginas translúcidas de un libro cualquiera recordé aquella noche. Vinieron a mi mente las imágenes, divinizadas, de tus carcajadas resonando entre las esquinas de la cama mientras intentabas quitarme el miedo a hacer la voltereta. Recordé como, pacífica, me dejaba hacer; como los prejuicios se volvieron traviesos y empezaron a jugar entre las sábanas. Y ha sido entonces, en ese justo instante, cuando me he dado cuenta. Sí, yo, y solo yo, se lo que era y lo que es todo aquello: Literatura.
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martes, 5 de octubre de 2010
Retrospección
Miradas complices.Canciones que escuché en la cama con tu imagen transcrita en mi cabeza.Vulnerabilidad. El anhelo de lo premeditadamente imposible.Libros.Espaldas cargadas de culpa. Fotos, cientos de fotos.Caricias en las que lo único sincero era el fin.Clases de matemáticas por la tarde. Carcajadas cimentadas en mis defectos. Peluches.El sentido que la palabra amistad disimulaba tener cuando estábamos juntos. Risas en las que me gusta encontrar inocencia sin buscarla.Piedras en caminos aún no creados.Mentiras.Falta de talento en la excitación primera, y en la segunda, y en la tercera.Improvisaciones rumiadas frente a la pantalla de un ordenador cualquiera.Lágrimas.Primeras oportunidades malgastadas en lo que podía ser y no lo que quería ser.Odio aliñado con algo de amor, o con algo de adolescencia. Ya no lo sé y nunca querré saberlo, ni quise.
Yo solo quería dos palabras. Dos. Y mira todo lo que tengo de tí.
Yo solo quería dos palabras. Dos. Y mira todo lo que tengo de tí.
jueves, 2 de septiembre de 2010
Recuerdo
Anoche no podía dormir, llegué tarde a casa y el sueño no llegó conmigo, creo que se fue antes de que yo llegara, harto de esperarme. Anoche no podía dormir y abrí el cajón de tus recuerdos, el tercero en mi escritorio, empezando a contar desde arriba. Abrí el cajón donde escondo tus fotos, aquella carta que me escribiste cuando aún nos escondíamos de nosotros mismos, del destino, cuando aún nos daba vergüenza mirarnos fijamente a los ojos y nos daba igual mirar en la entrepierna. Encontré la caja de madera forrada por dentro de franela roja, aún quedaban restos del azúcar de las gominolas que metiste allí para que no me enfadara si te ibas para no volver, era algo que ni se te pasaba por la cabeza.
Entre aquel amasijo de recuerdos desordenados encontré tus libros: mi antología del veintisiete y aquel compendio de citas del que solo releía el apartado dedicado al amor, del que después tanto renegué. Cerré el cajón y me quedé con el libro. Me tumbé en la cama y, aún abrazándolo y sin todavía abrirlo, comencé a recordar. Miento. Me estoy mintiendo. Te estoy mintiendo. No empecé a recordar en ese momento, creo que es algo que nunca he dejado de hacer. Ojeé el índice del libro: amor, amistad, familia, dinero, memoria, recuerdo. Recuerdo. Página treinta y seis.
Fue entonces cuando, en un momento de abstracción, repose la vista en la frase de la salvación.
Entre aquel amasijo de recuerdos desordenados encontré tus libros: mi antología del veintisiete y aquel compendio de citas del que solo releía el apartado dedicado al amor, del que después tanto renegué. Cerré el cajón y me quedé con el libro. Me tumbé en la cama y, aún abrazándolo y sin todavía abrirlo, comencé a recordar. Miento. Me estoy mintiendo. Te estoy mintiendo. No empecé a recordar en ese momento, creo que es algo que nunca he dejado de hacer. Ojeé el índice del libro: amor, amistad, familia, dinero, memoria, recuerdo. Recuerdo. Página treinta y seis.
"Los lugares donde no se ha amado ni se ha sufrido, no dejan en nosotros ningún recuerdo". Pierre LotiDesde luego amamos, y sufrimos, por ello recordamos. Un tío sabio el tal Loti. Pero no, esto no me servía anoche, no podía más con las piedras del recuerdo, me dolía la espalda, era insoportable. Sufrimos y amamos como nadie más ha sabido hacer hasta ahora, sangré por dentro y tú me curaste las heridas, con saliva, paciencia y vendas en los ojos. Pasado perfecto. Recuerdo. El bucle continuaba y el mareo iba a concluir en vomito. Necesitaba salir de ahí, seguí leyendo.
"El que vive de recuerdos arrastra una muerte interminable". AnónimoLo yo que yo decía. No me podía seguir sustentando en el pasado, me iba a morir de asco. No podemos basar la búsqueda de la, por otra parte inexistente, felicidad, en viajes sin destino en el colchón, sola. Continué.
"Ella no te necesita. tiene tu recuerdo, que vale más que tú". Alejandro Casona¿Era eso?, ¿había idealizado tanto el recuerdo que lo había convertido en algo superior a la propia experiencia? La memoria es selectiva. Sí lo pensaba mucho incluso podía llegar a encontrar la parte divertida, romántica y positiva de las peleas y de los llantos. Recuerdo aquella discusión a gritos en la habitación de mis padres en la que terminé llorando; te me quedaste mirando y dijiste: "siempre conservarás el legítimo derecho al llanto". Me eché a reír. Recuerdo perfectamente esa frase pero no soy capaz de recordar el motivo de la disputa. Todos mis recuerdos contigo rozan, en mi cabeza, la perfección. Joder, eso no puede ser real, no es tangible, no hace bien. Eso, a la larga, pudre.
Fue entonces cuando, en un momento de abstracción, repose la vista en la frase de la salvación.
"Abstenerse de recuerdos a veces es una cuestión de supervivencia". Alberto LevenfeldAhí estaba, no había que darle más vuelta a la naturaleza humana. Hemos nacido para perpetuar la especie, ¿no? Sobrevivé el más fuerte y yo tenía que ser la más fuerte, Darwin, teoría de la evolución, el ser humano como un simple y primitivo animal, la búsqueda de la perfección en la singularidad del individuo. Me bastaba ese argumento. Cerré el libro y lo dejé sobre la mesilla. No podía volver a abrir el cajón de los recuerdos para guardarlo, ese cajón estaba lleno de genes recesivos, me iba a dejar sin descendencia, y sin futuro.
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domingo, 22 de agosto de 2010
Natural
La despertó.
-Cariño, ¡cariño! Despierta, anda.
-¿Se puede saber que pasa?-contestó, aún aturdida.
-Tengo que decirte una cosa muy importante.
-¿Y tiene que ser ahora? Son las ocho de la mañana, hemos dormido tres horas.
-Sí, sí, tiene que ser ahora. Anoche te mentí.
-¿Qué?-gritaba-¿qué coño quieres decir con eso?
-Que anoche te mentí, ¿recuerdas cuando te dije que ibas guapísima, que eras guapísima? Sí, cuando vine a recogerte, ¿te acuerdas o no?
-Sí, claro que me acuerdo, me lo dices siempre que me arreglo, ¿qué pasa con eso?, ¿mientes?, ¿piensas que soy fea? Créeme, no eres el primer que dice o piensa algo así, y puedo asegurarte que no serás el último, asi que déjame dormir.
-No, no es eso, te mentí. No ibas guapísima, el vestido era bonito, si, y el peinado original; el maquillaje no te quedaba del todo mal, quizá demasiado para mi gusto y, aún así, estabas preciosa. Te mentí porque no ibas guapísima, te mentí porque lo eres, y al verte me he dado cuenta de que ahora sí, de que me gusta mucho más el vestido tirado en el suelo, el maquillaje estropeado, corrido. Los ojos hinchados por el sueño y la boca seca. La sábana tapando a medias tu cuerpo desnudo y dejando una teta al aire. Me gustas mucho más despeinada, cariño. ¿Y sabes porque? Porque no me gusta el maquillaje, ni la ropa, ni la laca. Me gustas tú. Natural.
-Cariño, ¡cariño! Despierta, anda.
-¿Se puede saber que pasa?-contestó, aún aturdida.
-Tengo que decirte una cosa muy importante.
-¿Y tiene que ser ahora? Son las ocho de la mañana, hemos dormido tres horas.
-Sí, sí, tiene que ser ahora. Anoche te mentí.
-¿Qué?-gritaba-¿qué coño quieres decir con eso?
-Que anoche te mentí, ¿recuerdas cuando te dije que ibas guapísima, que eras guapísima? Sí, cuando vine a recogerte, ¿te acuerdas o no?
-Sí, claro que me acuerdo, me lo dices siempre que me arreglo, ¿qué pasa con eso?, ¿mientes?, ¿piensas que soy fea? Créeme, no eres el primer que dice o piensa algo así, y puedo asegurarte que no serás el último, asi que déjame dormir.
-No, no es eso, te mentí. No ibas guapísima, el vestido era bonito, si, y el peinado original; el maquillaje no te quedaba del todo mal, quizá demasiado para mi gusto y, aún así, estabas preciosa. Te mentí porque no ibas guapísima, te mentí porque lo eres, y al verte me he dado cuenta de que ahora sí, de que me gusta mucho más el vestido tirado en el suelo, el maquillaje estropeado, corrido. Los ojos hinchados por el sueño y la boca seca. La sábana tapando a medias tu cuerpo desnudo y dejando una teta al aire. Me gustas mucho más despeinada, cariño. ¿Y sabes porque? Porque no me gusta el maquillaje, ni la ropa, ni la laca. Me gustas tú. Natural.
viernes, 30 de julio de 2010
jueves, 29 de julio de 2010
Abrazos que incendian la aurora en las playas del sur
La luna de verano brillaba, redonda. El agua corría por la orilla, jugaba con la arena de la misma forma que el alcohol corría por sus venas y el sudor jugaba entre sus piernas. Se querían, se querían y querían demostrarlo. Querían morder los principios establecidos, las complicaciones, masticarlos y lamerlos para convertirlos en los suyos propios. Querían mezclar el olor de la playa con el de la pasión, querían estar ciegos por momentos para poder tocarse sin tapujos, para llevar el sentido del tacto al máximo extremo.
Querían reducir el mundo a cuatro elementos: ella, él, la playa y la botella.

Querían reducir el mundo a cuatro elementos: ella, él, la playa y la botella.

Y lo hicieron, vaya si lo hicieron.
sábado, 17 de julio de 2010
Días
Me desperté confusa, aturdida, como siempre, despeinada. Entreabrí los ojos y busqué a tientas las gafas sobre la mesilla. Me las puse y nos encontré desnudos, sudorosos, felices. Me miraba recostado en la cama, sonriendo; ya llevaba un rato despierto y había gastado su tiempo en mirarme dormir. Algo le rondaba la cabeza:
-Es una tontería, pero no paro de darle vueltas a una cosa: ¿Cuál fue el peor día de tu vida?
Lo miré. Sí, aquel eran ese tipo de preguntas que solo se le ocurrían a él en una mañana de domingo. Mientras el resto de la humanidad solo es capaz de llegar a cavilar sobre el tórrido calor de julio, él piensa en buenos y malos días.
Me quedé pensando un rato. Respondí firme, segura.
-El día en que me di cuenta de que tus defectos me gustan aún mas que tus virtudes.
Me sonrió extrañado y me preguntó porqué.
-Porque así fue como me di cuenta de que estaba perdidamente enamorada de ti.
Después de esa frase se me tiró encima y me mordió la boca. Sí, aquel fue el mejor día de mi vida.
-Es una tontería, pero no paro de darle vueltas a una cosa: ¿Cuál fue el peor día de tu vida?
Lo miré. Sí, aquel eran ese tipo de preguntas que solo se le ocurrían a él en una mañana de domingo. Mientras el resto de la humanidad solo es capaz de llegar a cavilar sobre el tórrido calor de julio, él piensa en buenos y malos días.
Me quedé pensando un rato. Respondí firme, segura.
-El día en que me di cuenta de que tus defectos me gustan aún mas que tus virtudes.
Me sonrió extrañado y me preguntó porqué.
-Porque así fue como me di cuenta de que estaba perdidamente enamorada de ti.
Después de esa frase se me tiró encima y me mordió la boca. Sí, aquel fue el mejor día de mi vida.
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