lunes, 7 de febrero de 2011

Cobarde

El segundero rozó el 61 cuando él decidió cerrar la puerta y los ojos. Sin expectativas más allá de las preconcebidas, con cristales de caucho y sin filo y la boca seca se armó de valor cobarde y le dijo adiós.
-Arrivederci, donna, tienes que tener trampa-pensó.
Acto seguido se dirigió a una administración de lotería.

-Deme usted todos los números, si es tan amable.
-¿Todos los números señor? Le costará una pequeña fortuna.
-Sí usted supiera, señora, lo que es una verdadera fortuna...
-¿Cómo dice?
-Que también incluya la de Navidad, sí no es molestia. 

2 comentarios:

Eco dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Eco dijo...

Afortunado en el juego. Tal vez.