martes, 15 de febrero de 2011

No, no había nada que hacer

No tenían motivos, por no hablar de razones y argumentos. Rechazaron, conscientes, cualquier pretexto que justificara un atisbo de lógica en miradas cómplices, en sonrisas aún más cómplices, en sus sonrientes sinceridades. Le dijeron adiós al lugar y el tiempo de su acción, a la sensatez de las marchas, a asistir direcciones. La existencia de aquel él y aquella ella no encontraba sustento, (quizá nunca lo necesito), (quizá levitaba).

Un día, ilógicamente, la lógica se apoderó de sus pieles y, peor aún, de sus cabezas. Volvieron, en burdos intentos planteados en la razón, a desvestirse de argumentos, pero lo ilógico de la lógica pudo con ellos. No, ya nada volvería a ser como antes, por mucho que, obstinados, lo intentaran. Con todas sus fuerzas.

3 comentarios:

Marco dijo...

jajajaja! o, dios que lío!
No siempre se debe seguir la lógica... hay veces que hay que huir de las razones, de los argumentos!
De todo.

Layla dijo...

igual es mejor no volver a ser como antes..

un descubrimiento, tu blog, te sigo

Lou dijo...

no me preguntes como he llegado..no sé si sabré volver, pero yo quiero.