domingo, 11 de marzo de 2012

Sabía que el causante de todo aquello fue el reflejo del espejo enmarcado en cobre que presidía el salón de su memoria. Le vino a la cabeza el mosto de recuerdos que tantas veces alcoholizó sus venas en el lugar que no quería ser tiempo. Fermentaron en su mente realidades que nunca habían sido y no serían jamás. Cerró el puño. Se armó de valor y se echó a llorar.
(Es imposible romper un espejo invisible.)

3 comentarios:

una chica de ojos marrones dijo...

es imposible romper un espejo invisible, pero a veces conseguimos olvidar que está ahí...
que me ha gustado el post...
un saludo...

La niña que escribió un sueño dijo...

Odio los recuerdos que vienen una y otra vez, intentando arruinar nuestra vida.

Mondragón de Malatesta dijo...

El vino, siempre fermenta la vida, aún, cuando no exista nada de eso. Se le bien, gracias por dejarse leer bien.